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ZOE

Hay quien se muere por una caricia

leve en la entrepierna, bajo la mesa

de una concurrida terraza de bar en

pleno mes de agosto, cuando el calor te

revienta la carne y las gotas que resbalan

entre los muslos saben a miel... de la que

engancha.

Otros se entregan al placer furtivo

de los minutos clandestinos en

el probador de un centro comercial,

tapándole la boca para que no grite,

sintiendo como le muerde los dedos

mientras la penetra contra

la pared prefabricada.... y

mostrando la valentía de

insinuar frases acordes

con el acontecimiento,

(por si la espía de

uniforme permanece

fuera)

tales

como;

¡Qué bien te queda esa

falda!... Pero, ¡qué bien! ...

¡Dios mío!”....

Hay quien se pierde en un hotel de

carretera a las fueras de ‘Sincity’.

Cierra la puerta, extiende toallas, abre

mochila, despliega los juguetes que adornan

el placer, y desconectan el teléfono

hasta que les duela el cuerpo de tal forma

que luego tarden dos semanas en recuperar

la erección normal de los pezones... y

de la vida...

Otros se deleitan tan sólo con la mirada

de una piel que se desnuda frente

al espejo, de las poses que va adoptando

ante el objetivo de una cámara testigo de

las próximas horas de pasión...

Los hay que lo necesitan a diario,

que piensan en ello al trabajar...

que buscan su ejecución a toda

costa, aunque los ojos que le

imploren “mássss” no sean los

que quisiera ver....

Algunos se cuelan en los cines,

y se comen en la última fila

movimientos en blanco y negro,

silenciosos y ruidosamente gozables...

Siempre hay alguien

que mira...

Y no puedes parar... Ni quieres....

Los momentos ‘arbusto’ en medio

de una excursión... los dulces

preliminares de una noche en la que

tan sólo se iba a ver una película.. los

ataques de ansia ante un desconocido

que te devora cada mañana en el metro,

y con el que acabas empotrada en una

habitación desconocida, entre unas

sábanas hindúes que se resbalan por

la piel, y con una sonrisa clavada en la

cara...

Otros desgastan sus pensamientos

fantaseando, a otros les produce

un placer dominador comprar la pasión.

Otros sueñan con su compañera

de trabajo: sobre la fotocopiadora,

desgarrándole la ropa y follándosela

una y mil veces... hasta que se le

caigan esas gafas tan monas que

ocultan sus preciosos ojos...

Los hay

que

necesitan

aflojarse la

corbata cada

vez que ella pasa por

delante de su mesa:

‘Ella’, la novia de tu compañero....

la que atarías a la mesa de billar y a la

que poseerías una y otra vez hasta que

se le quitara el otro estúpido nombre de

la cabeza....

Todos, todos, todos…

A todos nos gobierna

el sexo aunque

sea durante

un minuto en

nuestra vida.

A todos.

Zöe

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