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Bisexualidad

Siempre he pensado que la tendencia natural del ser humano, dejando a un lado convenciones sociales y normas aprendidas, es la bisexualidad.

A nivel de sentimientos, te enamoras de una persona, no de su sexo. Si fuera posible conocer a fondo a alguien sin saber su género, estoy segura de que nos sorprenderíamos a nosotros mismos en más de una ocasión. Quizás puedas pensar “pero follar con alguien de mi mismo sexo me repugna” y puede que también te sorprendieras o puede que si te resultara repugnante ¿puedes saberlo a ciencia cierta sin probarlo? Yo no puedo. De todas formas, me parece tan absolutamente consecuente y racional como el uso de juguetes, complementos, disfraces o cualquier tipo de juego erótico.

Para el ser humano, el sexo es herramienta, medio y destino. Tiene un importante componente lúdico; entre otras cosas, practicamos el sexo por puro disfrute y por ello me parece cuanto menos curioso que la mayoría de las personas nos limitemos a explorar sólo la mitad de lo que se nos ofrece.

Si que es cierto que a algunas personas les resultará tremendamente desagradable ese tipo de intimidad con alguien de su mismo género y, aunque me parece ideal probar cuantas más cosas mejor (entre otras cosas, nos conoceremos mejor a nosotros mismos), no soy partidaria de involucrarse en un juego sexual que nos resulta poco agradable, sería difícil abandonarse al disfrute sensorial en esa situación. Pero también pienso que la mayoría de las personas han sentido en algún momento de su vida una curiosidad al respecto que bien justificaría la experiencia.

Precisamente ese componente cultural es el que pienso que ejerce un mayor peso sobre nosotros a la hora de explorar todos los límites de nuestra sexualidad. Muchas veces he oído cosas del tipo “entiendo que alguien sea heterosexual o que sea homosexual, pero que le guste todo... eso es de viciosos”, no sé, también hay personas que consideran  “de viciosos” algo tan natural y saludable como la masturbación. O el uso de juguetes, o fantasías o... o... y en todo caso ¿a quién le importa? Lo importante es que uno mismo se sienta a gusto con su sexualidad, que se sienta total y absolutamente cómodo y seguro con él mismo y con su(s) pareja(s), ya sean esporádicas o no, ya sean amigos, desconocidos, amantes o lo que decidan ser.

Si París bien vale una misa, el Placer bien vale una nueva experiencia.

Ana M.T..

 

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