|
Sigo
viva
Dicen algunos que, a cierta
edad, después de los treinta, nos hacemos invisibles, que nuestro
protagonismo en la escena de la vida declina, y que nos volvemos
inexistentes para un mundo en el que sólo cabe el ímpetu de los años
jóvenes
Yo no sé si me habré vuelto
invisible para el mundo, es muy probable.
Pero nunca como hoy fui tan
consciente de mi existencia, nunca me sentí tan protagonista de mi
vida, y nunca disfruté tanto de cada momento como ahora
Ahora se que no soy la
princesa del cuento de hadas y que no necesito que me venga a salvar
un príncipe azul en su caballo blanco, por que ni soy una princesa, ni
vivo en una torre, ni tengo a un dragón que me esté custodiando.
Hoy me reconozco mujer,
capaz de amar.
Se que puedo dar sin pedir,
pero también se que no tengo que hacer nada, ni dar nada que no me
haga sentir bien.
Por fin encontré, hasta
ahora, al ser humano que sencillamente soy, con sus miserias y sus
grandezas.
Descubrí que puedo
permitirme el lujo de no ser perfecta, de estar llena de defectos, de
tener debilidades, y de equivocarme, de no responder a las
expectativas de los demás y hasta hacer algunas cosas indebidas.
Y a pesar de ello, sentirme
bien.
Y por si fuera poco, saberme
querida por muchas personas que me respetan y me quieren por lo que
soy, si,… así un poco loca, mandona y muchas veces terca. También
cariñosa, platicadora, besadora, abrasadora y a veces por algún
motivo, triste, por que también tengo mis momentos tristes, esos en
que pongo mi cara larga con un aire de pensante y me da por llorar.
Cuando me miro al espejo ya
no busco a la que fui en el pasado,... sonrío a la que soy hoy,... me
alegro del camino andado, y asumo mis errores.
¡Qué bien no sentir ese
desosiego permanente que produce correr tras los sueños!
¡Que bien! Ya aprendí a
tener paciencia.
El ser humano tarda mucho en
madurar,… ¿verdad?
Hoy sé, por ejemplo, que no
puedo retener el mar, aunque cuando estoy “con él”, quisiera nunca
tener que dejarlo.
Hoy sólo lo contemplo, me
lleno “de él”. Y cuando llega el momento de partir, me despido
diciéndole.
¡Hasta pronto!
También hoy sé que mis
amigos y amigas son peregrinos del mismo camino, y que en cualquier
momento nos encontramos y nos queremos.
¡¡¡Hoy sé que nadie es responsable de mi
felicidad, solo yo!!!
Hoy sé que el viento
extiende sus brazos cuando camino por la calle. Y que solo depende de
mí sentirlo.
Hoy sé que la vida es
bella……. Porque la he visto partir ya muchas veces.
Hoy vivo la vida así como
es, bonita con sus ires y venires, con sus amores y desamores, con sus
ratos de marea baja, con sus puestas de sol, con su ruido incesante.
Sólo quiero dejarla correr.
No quiero pedirle nada. Sólo quiero
tener lo que yo me busque, sólo quiero lo que yo merezca.
Hoy me doy cuenta que no soy una mujer invisible!
Por Inma
(inma@fuxyz.com) |