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Mis
queridas Lolitas
Mis queridas Lolitas,
esas chicas jóvenes en toda su plenitud, con cuerpos de escándalo por
sus pocos años, con traseros de curvas perfectas, con pechos turgentes
y bien ajustados, con cinturas y vientres planos, en fin todo un
auténtico placer para la vista de todo ser humano. Las mujeres las
miran con recelo y los hombres con lujuria.
Vas con tu marido por
la calle y viene de frente una de esas ninfas escapadas de un cuento,
una camisetita fina dejando ver sus pechos firmes y unos pezones como
ojitos diciéndome ¡mírame, mírame!, un pantaloncito cortito que deja
al aire unos muslos firmes y un culete respingón. Tu la miras porque
todo le sienta de maravillas y es preciosa, observas a tu marido y le
ves su mirada, ¿qué miras? El sobresalto y esa cara de medio idiota
que se le pone en estos casos, lo dice todo ¿yo? ¿nada, pues? Le medio
ignaras y dices con voz de tonta ¡nada, nada!
¡ahh, divinas Lolitas!
Porque vayas donde vayas están por todas partes. ¡Que bien un día de
playa! Estiras tu toalla y tumbas tu cuerpo con algún michelincillo
para que el sol lo empape con su calor. Al cabo de un rato decides
jugar a las palas con tu pareja, pelota va pelota viene, tus carnes se
mueven un poquito mientras intentas emular a Stephie Graff en un juego
playero, en plena jugada aparecen un grupo de bellezas con bikinis
tanga y sus pechos desnudos, entran y salen del agua jugando,
salpicándose, sus risas envuelven el ambiente y tu pareja empieza a no
dar ni una pelota. Las niñas deciden hacerse un reportaje fotográfico,
pose sensual, posturita erótica ¡para que queremos más! Tu pareja te
ha dado la espalda viendo ese juego de sensualidad rebosante en
cuerpos de placer. Mueves las manos hacia tu pareja ¡eh, estoy aquí!
¿te acuerdas que es esto, una pelota y una pala? Le miras, esta bien,
a la mierda la partida aquí no se vuelve a jugar en todo el día, paso.
Los padres de las
Lolitas se desesperan con ellas. Tu hija sale de la habitación, mamá
he quedado para tomar algo aquí al lado ¿te importa que me ponga tus
botas? Mientras bajas el libro que estabas leyendo observas la mirada
de locura de tu marido, sus ojos son dos huevos saliendo de su cara
incluso parece que se le ha puesto el pelo de punta en un solo segundo
¡oh, oh, algo pasa! Comienzas a subir la mirada y te encuentras unas
botas negras de ante de tacón muy alto y fino, unas piernas delgadas,
largas envueltas en unas medias del mismo color, una especie de
cinturón ancho que si la niña decide inclinarse lo más mínimo deja ver
el comienzo de un culete redondito y apretadito, una mini camiseta con
un escote hasta el ombligo y dos pechos embutidos en un wonderbra
que se los pone a la altura de la barbilla, un cuello espigado, una
cara maquillada en toda su plenitud y un medio recogido informal.
Tu con suma suavidad
preguntas, ya ¿y dónde vais? Antes de terminar la frase tu marido se
ha puesto en pie dando vueltas alrededor de la niña ¿pero cómo que a
dónde va? Pero si da igual dónde vaya, ¿pero tu has visto como va?
¿Pero si se le ve todo? ¿Pero dónde esta la falda, si eso es un trapo
de nada? ¿y esta camiseta hija, pero que te tapa? Que no, que tu no
sales así de casa y encima ¿pero si te has maquillado?
Llaman al timbre, sus
amigas, un desfile de juventud, piernas, pechos, culos y todo bien
puesto en su sitio pasa por el salón. Mi marido se abandona en el
sillón y me mira ¿y ahora que la digo viendo esto?
Seguidamente una nube
de sensualidad y exuberancia, alegría y juventud sale por la puerta
¡la lujuria sale a la calle, a temblar!
Miro a mi hija y a
las demás niñas ¿y qué las voy a decir? Viéndolo desde mi madurez, yo
también fui Lolita., aunque se me quedó ya bastante atrás ¡huff,
pues si, pero que muy atrás! Claro que me acuerdo de cómo iba vestida,
de mi madre mirando hacia otro lado, de mis amigas cambiándose de ropa
en el portal de casa, de los déjame tu top y yo mi mini, de los
kleenex y las hombreras en el pecho para rellenarlas, de cómo nos
miraban por la calle, de las primera salidas nocturnas ¡en fin,
de todo un mundo de encanto!
Todas hemos pasado
por la gran etapa de “lolita”, tiene su edad y cuando vemos a esas
niñas vestidas con esas prendas que no les tapan nada, pues hemos de
volver a ponernos en su piel y pensar que si no se lo ponen ahora
¿cuándo se lo van a poner? ¿con 40 años? Ahora sus cuerpos están
preparados para ello, su inocencia las hace más sexuales con lo que
mis queridas “Lolitas” ¡disfrutarlo a tope, ya que es pasajero! A
vivir mis niñas, a vivir.
¡Ahora si, nos toca a
nosotras! No sé si todo el mundo sabe que cuando se deja el estado de
Lolita y pasado los años nos convertimos en lo que se llama ¡Loba! o
cariñosamente Lobita ¡me encanta esta fase! Será porque es la mía y al
igual que con las Lolitas, mi madre sigue escandalizándose algunas
veces. Hablo de mujeres maduras, seguras de si mismas, sacándose todo
el partido, pisando fuerte, mirando a un hombre al que quieren
conquistar.
¡Humm, se me agolpan
las ideas sobre Lobitas! Creo que ya se lo próximo que voy a escribir.
Por Cristina (cristina@fuxyz.com) |