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Música risa, música llanto,
música paz, música rabia…
Teorías documentadas a parte, recordaré mas cerca de
nosotros al hard rock, punk, rap, músicas rebeldes, reivindicadoras, al
pop de la época hippy, música de paz e inconsciencia, al blues, música
lagrimas, lamentos, esperanza, y al pop, música de buen humor y alegría.
Aunque en cada género hay variante y no es regla,
tratar de definir un sinónimo de cada estilo musical con un estado de
ánimo no es cosa fácil.
Donde, cuando y como sonaron las primeras notas
juntas? Cualquier pueblo indígena canta. Cantos por implorar a los Dioses,
cantos para celebrar las bodas, cantos para enterar a los muertos. Que
pensaba Mozart cuando creaba sus particiones en su cabeza?
Hoy en día recibimos la herencia de siglos de
creatividad, de sucesión de estilos, de evolución constante en la manera
de hacer música. África se mezcla con Europa, china con América, y cada
vez tenemos mas riqueza musical al alcance de la mano.
Al alcance de todos, se instalo en nuestras vida vía
la radio, el satélite, Internet y cuando uno escuchaba sus casetes (¡) en
el coche, hoy los jóvenes conectan su MP3 con mil canción almacenadas en
un aparato mas pequeño que nuestras cintas de antes.
No quiero juzgar aquí los estilos de música, ni
hablar de las personas que oyen música. Hablemos de estas personas que la
escuchan.
Risa, llanto, paz, rabia… tantos sentimientos
despiertan en cada uno estos sonidos melódicos. Según mi humor tengo mi
música… pero esta ultima puede también cambiarme mi humor. Es mágica,
imprescindible en muchos momentos. Punto de referencia en tantas ocasiones
para recordar tiempos pasados, sacarnos una sonrisa de “te acuerdas” o una
lagrima de nostalgia!
Creo que tengo nostalgia, nostalgia de este tiempo en
que mi padre me sentaba a escuchar unos momentos de música clásica,
nostalgia de poner un vinilo de Janis Joplin en el toca-discos, nostalgia
de ir a una fiesta y poder bailar un show con la chica que me gustaba,
nostalgia de cuando se creaba mas música para escuchar que música para
oír.
Conozco a personas muy ocupadas que dedican un
momento cada noche a escuchar “su” música. Vienen agotados de un largo día
y descargan en pocos minutos su cansancio bien cerrando los ojos al son de
la séptima de Beethoven, bien bailando con lo ultimo de La Oreja de Van
Gogh. Todavía conozco a gente capaz de escuchar música y encontrar en ella
inspiración intelectual o artística.
Y para terminar con un punto de protagonismo, os dejo
aquí un texto que escribí hace unos años. Eran las tres de la mañana, no
encontraba el sueño y puse uno de mis grupos favoritos.
Culpa de la casualidad
Si estoy solo es porque se fue justo
antes de que llegue yo,
mariposa volando al revés,
proyectando su reflejo en un océano brillante,
del mar helado de San Petersburgo a
una playa soleada de Saly,
trompeta escupiendo su melodía,
guitarras contestándose en una sinfonía perfecta,
pelo suelto volando al aire, falda
bailando con el viento,
manzanos blancos de Normandia o
oliveros rosas de España.
Imagino tu mirada donde se mezcla la
risa y la pena,
un diablito haciendo el payaso,
nubes de lluvia en la mente,
todo pasa en la cabeza,
solo es un día gris...
Impactante imagen tuya ,
fuerza de una sensación, poder de un
sentimiento,
un grito del alma invadiéndome, una
guerra donde lucha la razón con la locura,
un sueño tan simple y tan
inalcanzable a la vez,
una ilusión, infundada, desmesurada,
indebida,
un violín a la derecha, un teclado a
la izquierda,
y esta música, repetitiva,
emborrachadora,
saltan unas lagrimas, de felicidad,
de tristeza, de belleza,
el corazón se acelera, el estomago
se levanta, el cuerpo se tensa,
todo eso, fruto de una sonrisa, de
un encuentro, de un juego,
y los coros me acompañan en mi
soledad,
la culpa la tiene la casualidad.
Una locura mas escrita al ritmo de Atom heart mother
de Pink Floyd.
Por Pascal Leurquin
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