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Un día como hoy

Os pongo en antecedentes ayer sólo dormí 3 hora y media, me he pasado la noche entre la cama y el sillón hasta que a las 03:30 de la mañana Morfeo vino a verme …..

Sueña el despertador a las 07.05 de la mañana, salgo de un salto de la cama, voy al cuarto de los niños y los comienzo a despertar, me dirijo a la cocina, donde empiezo a preparar el café para mi marido y para mi y la leche para los niños, zumo de naranja para mi marido, cola-cao, y comienzo a desplegar en la encimera, pan, magdalenas, sobaditos, galletas, etc para los que van a venir. Mi marido aparece por la cocina ¿pero que haces, no lo hacia yo? Salgo corriendo al cuarto de los niños donde finalmente los termino de despertar y les ayudo a vestirse un poco (Nicolás acaba de cumplir 4 años y dice que tiene frío, como buena psicóloga hago lo mismo con Hugo de 6 años para que no diga que nunca le ayudo) dejándoles a medio vestir, sigo la carrera hasta el cuarto de baño, me peso ¡mierda un kilo más!, el kilo y medio bajado la semana pasada se ha quedado pasado el fin de semana en medio ¡puffff! Me meto en la ducha, empieza el desfile de mis hijos mientras me jabono para su pis de la mañana ¡Viva la intimidad! Mientras me seco mi hijo mayor me cuenta una historia a la que contesto ¿si?, pero la verdad es que no retengo nada de lo que me cuenta. Bien, puedo llegar abandonar el baño salteando a uno y a otro. Llego por fin al cuarto, comienzo a vestirme, se oye la voz de mi marido ¿te sirvo el café o vas a tardar? -- ¡Pues un poco, voy a tardar un poco! Voy otra vez a la cocina, todos sentados y desayunando, me bebo el café y dos minutos para fumarme un cigarro. ¡Niños, lavaros los dienteees!!! Taza al fregadero, recogida de lo mayor y mis dientes, ¡nos vamos! saliendo, a Nicolás se le ocurre que quiere un muñeco ¡frenazo en seco! – “Vale cógelo! -- ¿y este mamá, este puedo? – No ese no --- y este …. ¡Nicolás,. nos vamos!

Mi marido, nos espera en la puerta para despedirse de cada uno de nosotros con un beso y una vez dados los pertinentes a los niños me da el mío y me dice “te quiero”.

Estamos en la calle, pelea para ver quien entra antes, una vez atados, me dirijo a buscar a mi sobrina que va al mismo colegio, volvemos a tirar del engranaje, otra vez en marcha. Llegada al colegio, pelea para aparcar, dejo a los mayores, besos y más besos y me quedo con el pequeño en el patio hasta que abran la puerta con un viento y un frío que pela, con lo que nos abrazamos los dos y cantamos una canción hasta que por fin la puerta se digna a dejarnos pasar. ¡He dejado al último!

Salgo corriendo porque mi marido, va a trabajar cuando llegue, (se me ha olvidado deciros en antecedentes que hoy, justo hoy, comenzamos una obra en casa).

Aparcando el coche delante de casa, me percato que los obreros no han llegado todavía son las 08:45. Mi marido, deambula por la casa y el ordenador esta encendido. Hablamos un momento y se sienta en su ordenador. ¡Zafarrancho de combate! Comienzo a recoger las cosas dejadas por toda la casa, mudo las camas de los niños, mi marido aparece y desaparece de donde estoy yo, no sabe muy bien que hacer, termino con las camas, ordeno los juguetes de mis hijos cada uno en el sitio que debe ir, en perfecto estado (ellos lo hacen durante la semana pero como les parece, eso si, el cuarto esta recogido), aparecen los obreros mi marido los atiende, voy a la cocina y empieza la faena de vasos, tazas del desayuno, alguno del día anterior y el sin fin de cositas para dejarla bien. Mi marido, se ha sentado en el ordenador, (¿habéis observado que no se ha ido a trabajar, no?) una vez finiquitada la cocina, a mi cuarto, hacer la cama y terminar de recoger ropa, un vistazo rápido a todo y necesito ir a comprar, ya son las 10:30, cojo el bolso, me despido de mi marido y él me dice “te quiero amor” , salgo al jardín digo adios, a los obreros que simpáticamente se despiden de mi diciéndome ¡ya la estamos rompiendo la casa! -- ¡ja, me parto!

 Cojo el coche, al supermercado, recorro todos los lineales para intentar recordar que falta y no falta en casa, el carrito empieza a pesar, ¡coño! Se me ha olvidado coger la pasta de dientes de los niños y ya estoy en la caja. Suelto el carro y salgo a la carrera a por el bote, como al corredor que entregan el relevo tomo la pasta y salgo al sprint hacia mi carrito abandonado. Hay una señora detrás de él, llego, la digo que se me había olvidado la pasta y me mira indiferente ¡que simpática!

Pasa la compra, lleno las bolsas que no son pocas, más 12 litros de leche, 5 litros de agua y cerveza, vuelta al parking y otra vez el manejo de lo comprado de carrito al maletero ¿pero esta vez? eso es, al revés, los 12 litros de leche, 5 de agua, cervezas y bolsas. De nuevo coche y casa.

Al abrir la puerta y pasar por la obra noto que lo que han levantado los obreros no esta como nosotros lo habíamos pensado, entro en casa y me encuentro a mi marido en el ordenador, sigue allí. Le comento lo que he visto y le digo que salga a verlo, su cara es de “pasmado” -- ¡ah, si voy!

Recogemos las bolsas del maletero entre los dos y con las últimas sale para echar un vistazo en el jardín. Comienzo a recoger la compra, mi marido entra y dice que no es nada y que le ha comentado el jefe de obra “¡a ver si sale más por aquí para comentarle cosas!”. Conclusión, no ha ido a trabajar para estar pendiente de todo, pero los hombres del jardín sólo le han visto cuando les abrió la puerta ¡me encanta ese seguimiento!

Mientras recojo la última bolsa, mi marido ha desaparecido de la cocina, esta sentado en el ordenador. Miro el reloj, las 11:45, me quedan todavía 45 minutos para ir a buscar a los niños que comen en casa, preparo un poco lo que vamos a comer, me tiro al aspirador y comienzo a  pasarlo, hago el cuarto de baño, paso el polvo a un par de muebles, el cristal de una mesa y al espejo del cuarto de baño. Guardo todo lo que he sacado, bebo un poco de agua, paso junto a mi marido, que sigue frente al ordenador, le doy un beso y le digo que me voy a buscar a los niños, él me dice te quiero amor.

Me vuelvo a despedir de los trabajadores, y al coche, vuelvo a recorrer por tercera vez el mismo camino, esta vez hacia el colegio. Recojo a los niños, besos, besos y más besos, les vuelvo a atar como ya lo había hecho y otra vez, cuarto mismo recorrido, esta vez hacia casa. Mientras en el camino, alecciono a los niños de no decir nada, de no molestar, de no contar cosas de cosas, que entren y directos a casa. --- ¿y no les puedo preguntar como se llaman?, “yo quiero ver el cemento”, ¿no podemos jugar con la pala?, ¿no podemos …?  -- ¡He dicho que no, y no, es no a todo!

Entramos en casa, los niños mirándome de reojo dicen “buenos días” y como soldaditos se dirigen al interior, donde ¿quién esta? mi marido en el ordenador. Comienzo a preparar la comida ¡hombre, si la mesa esta puesta!, se movió. Hago la carne, frio huevos, preparo la ensalada y empiezo a movilizar platos de arriba abajo, con todo preparado, incluso la carne de los niños cortada …. ¡a comeeerrr! Todos empiezan a desfilar hacia el comedor, tertulia mientras que comemos, los niños devoran la comida, mi marido dice que esta algo cansado .. ¡hummmm! ¿qué? hago que no le he escuchado, es decir hago esfuerzo por hacer que no le he escuchado. Una vez terminada la comida y justo en ese momento una voz le reclama en el jardín ¿a quién? A mi marido. Los niños se van y él detrás de ellos.

Me quedo un segundo sentada y comienzo a recoger la mesa, varias subidas y bajadas de la cocina al comedor, lavaplatos, lavar sartenes, cuenco, algunos utensilios, recoger lo utilizado, fregar la vitro, encimera, etc.

En el preciso momento de recoger todo, aparece mi marido, con algo que contarme entre interesante, con un toque de suspense y lo más significativo ¡su cara! algo le tenía realmente preocupado, me dice, ven. Le sigo sin saber muy bien que pasaba, me lleva al otro lado de la casa y me dice “no sé si quitar la madera y poner un zócalo de piedra como este” ¡hufff! si que si, pobrecillo, no me extrañó su cara de preocupación. Le doy mi opinión y después de mantener su mirada en el infinito declara “¡bien!, lo pensaré”.

Una vez de regreso, me siento, fumo un cigarro, doy órdenes a los niños de lavarse los dientes de hacer pis y volvemos al coche para ir al colegio. Eso si, no antes sin un beso y un te quiero de mi marido.

De vuelta en casa (ya he perdido la cuenta de las veces que he entrado y salido) tengo un cafecito recién hecho el cual saboreo mientras desparramo mi cuerpo por el sillón. Son las 15:10 me queda una hora para salir otra vez de nuevo a buscar a los niños al colegio. Decido regalarme esa hora y leer un libro al que me he enganchado “cuento número 13”, mi marido siente la mala noche que ha pasado y su día agotador y decide acompañarme con una siestecita en el sillón mientras yo leo ¡el pobre!

Seguirá…

Por Cristina ( cristina@fuxyz.com )

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