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Teresa Caballero

“Por eso no le temo a la vida, pienso en mi vocación” es una de las frases del maravilloso monólogo de Nina, el personaje principal al que da vida A.Chejov en su obra “La Gaviota” y el pensamiento que he tenido presente siempre desde que descubrí cuál era mi vocación con doce años. Siempre he querido actuar. Cuando era pequeña dirigía a mis compañeras de clase durante las clases de tutoria y creábamos pequeñas obras de teatro. Me sentía feliz al escuchar el aplauso del resto de compañeros.

No es una vocación fácil, ni el mundo al que te lleva, pero es la que llevo dentro y soy de las que piensan que luchando y esperando siempre acaba saliendo esa oportunidad, por mínima que sea, que hace que el sufrimiento y la espera merezcan la pena.

Soy de Lleida y allí no hay oportunidades. Siempre supe que estaban en Madrid y por eso me vine con dieciséis años a la capital. Empecé mis estudios de interpretación, movimiento y canto. Y aún sigo estudiando. Nunca uno deja de aprender y de buscar.

La escuela de J.C.Corazza me ofreció el camino hacia un conocimiento más profundo de lo que es actuar y lo que realmente significa ser actor en este país. He aprendido y he trabajado con el método de Stanislavski, que se basa en el realismo psicológico. El actor debe someterse a sí mismo a una constante búsqueda interna (técnica vivencial) lo que permite la interrelación entre audiencia y actor, pues son los espectadores quienes finalmente se ven reflejados en la interpretación. Esto se debe a que el actor debe frecuentemente recurrir a las experiencias personales para representar el personaje y lograr así la conexión con la audiencia sin artificios. Para mí esto representa el arte de actuar, el poder, empezando desde mí, llegar a entender un personaje y encarnarlo. Es duro, pero es lo más gratificante y rico tanto personal como profesionalmente. “La interpretación es el sacrificio de dar lo que uno oculta”.

Lo más difícil ha sido concienciarme de que en los castings soy una más, a la vez que  poner toda mi energía en darles motivos para creer que soy diferente y que deben cogerme. Es muy difícil enfrentarte en determinadas situaciones  a eso y muchas veces la dificultad aumenta porque el trato que recibimos los actores muchas veces no es precisamente idóneo.

Empecé a trabajar participando en cortometrajes de amigos, cosa que recomiendo a todo aquel que esté empezando porque es un punto de partida muy bueno para conocer un rodaje, a escala menor. He actuado en dos largometrajes de Israel de la Rosa “Desfigurados” y “Fragmentos” y he hecho episódicos en series de televisión y tres obras de teatro. Hasta ahora he trabajado con gente magnífica, de la que he podido aprender mucho, lo cual es importante porque el compañero es el cincuenta por ciento de tu actuación. Según lo que recibas de él, te ayuda más o menos a meterte en la piel del personaje.

La actuación frente a la cámara es mucho más técnica y sutil. Me costó mucho al principio adaptarme a ese modo de actuar, pero adoro el cine y es sorprendente ver el resultado de toda la producción al final, cuando tú sólo has puesto una pequeña piedra en todo el edificio.

Por Teresa Pérez Caballero

teresitapc@hotmail.com

 

 

 

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